miércoles, 18 de enero de 2012

Navegar, siempre navegar... Escribir, escribir

Recuerdo una canción: Navegar…, siempre navegar. Navegar…, navegar.
Podría decirse y no solo por cambiar palabras: escribir…, siempre escribir. Escribir…, escribir.
Navegar me habla de aventuras, de coraje, de echarme a la mar, de ser timonel, o de estar –muerto de miedo- escondido en el sótano del barco para no enterarme del alto de las olas.
Escribir es un reto a la imaginación, es un acto de coraje y por sobre todo un viaje, una aventura.
Si bien Horacio Quiroga afirma en <Los “trucs” del perfecto cuentista> que para comenzar a escribir debemos conocer hasta el final de la historia, mi experiencia me confirma que escribir es muchas veces subirse a un barco, imaginar un destino y quizás, llegar a otro lugar.
Escribir es como navegar, con sus tiempos de remanso, con sus huracanados vientos, con sus olas de gran altura…
Y no lo dudo, mis alumnos viven de mi entusiasmo, de mis retos, de mis anhelos; ellos no saben cuáles son, solamente sienten cómo respira en mí una idea. Si esa idea está bien anclada –y nunca tan bien dicho- seguro florece o marece o rioece.
Se puede escribir de todo, para todos, con todo y con todos. Una receta de cocina se puede transformar en una carta de amor, una guía turística en invitación a una aventura. Todo puede convertirse en principio, lo demás te lo regala tu imaginación.
Escribir es simplemente un acto de amor. Si como maestros somos capaces de embarcarnos en esta maravillosa aventura, seguramente llegaremos a buen puerto.
¡Qué ola más grande! Estoy toda mojada, ¿alguien tiene una toalla?...

El singular valor de la palabra

Soy consciente que la literatura Española y su historia no son un contenido que se trabaje en la etapa de Educación Primaria, del mismo modo sé que la historia de la literatura española tiene imágenes y figuras muy afines a las necesidades y anhelos de los niños de estas edades y también reconozco que el ser maestro nos pone en un lugar privilegiado a la vez que difícil, somos los responsables de la educación –que no de la instrucción ni del acopio de información- de un grupo de niños. En especial me ocurre que al ser maestra Waldorf acompaño al mismo grupo desde su entrada a la escuela en primera clase hasta su salida en sexto. Menuda responsabilidad. Esto me refresca la reflexión de que para poder educar, siempre tenemos que tener un gran baúl lleno de saberes, no porque vayamos a ponerlos en juego sino porque son nuestra plataforma de lanzamiento. Podemos hablar de los caballeros, de los reyes, de los juglares pero si ese tema del que hablamos cala hondo en nosotros, los maestros, si sabemos de él, aunque solamente agreguemos dos datos, una anécdota, una nota de color, ese aprendizaje será para nuestros alumnos más rico, interesante y hasta podría decir apasionante. Dentro de mi experiencia puedo reconocer que de aquellos temas que sé mucho (y digo poco) los niños entran con entusiasmo, alegría y buscan más allá. No es la literatura el tema que más sé, quizás el arte o la física, pero este bloque me ha dado la posibilidad de adentrarme en un maravilloso mundo que, en su proceso histórico, de la mano del aporte singular del penduleante recorrido, me ha llevado a conocer, con algo más de profundidad la literatura española. Si a esto le sumamos que soy argentina, el aporte es aún mayor.
No es que tenga tiempo y tampoco sé cuándo dispondré de él pero en mi libretita de apuntar lo que quiero leer la lista se ha hecho enorme y quizás no importe tanto lo que haya leído o hecho hasta hoy sino la gran cantidad de sugerencias e ideas que han brotado mientras investigaba, los textos que he leído a medias, las frases sugerentes que me muestran por donde seguir este camino de aprendizaje permanente.
Y si bien no he perdido el tiempo, me gustaría encontrar un recodo temporal y echarme a leer, más y más.
Siento agradecimiento desde lo personal pero también reconozco lo valioso que este singular estado provoca en mis alumnos, las ideas que me provoca, las preguntas que en mí despierta, allí reside su importancia.

Los cuentos, el alimento de la infancia

VIVIR LAS IMÁGENES DE LOS CUENTOS
Pierre Lienhard

Durante siglos, los cuentos vivieron en la tradición oral al mismo nivel que los mitos o los textos sagrados. Vivieron en verdad, y lo que les daba vida no era únicamente la memoria de nuestros abuelos (con todo, muy superior a la nuestra), sino su propio contenido, que dista mucho de ser un conjunto arbitrario o fabricado de personajes y aventuras ima­ginarias; sus imágenes iban más allá de la aparente dimensión cotidiana, porque estaban cargadas de realidad esencial. A través de los cuentos se lograba la evocación de esta realidad, y de ella vamos a hablar ahora.
Hoy en día, la vida del mundo imaginativo nos hace mucha falta; cuando tratamos de captar las imágenes, sólo nos queda entre las manos su esqueleto.
Lucano, el historiador romano de la época de César, nos cuenta cómo los legionarios dudaron en cortar los árboles de un bosque sagrado de Provenza, pues según los moradores de la región estaba habitado por potencias miste­riosas y temibles. En muchos cuentos populares, en particular los de Grimm, el bosque juega un papel muy importante, sea que el héroe del cuento se pierda en él involuntariamente, o que penetre en él deliberada­mente para vencer ahí a gigantes o monstruos. Seguramente, nos produce satisfacción considerar al bosque como la imagen de la dimensión interior y obscura del alma, del caos salvaje de nuestra personalidad aún no evolucionada (1); sin embargo, es mucho más importante para la compren­sión de la imagen en cuestión, conquistarla a través de la experiencia personal. Es evidente que cada uno sabe lo que es un bosque por haberlo atravesado al menos en tren o en coche; no obstante, lo que de él se sepa resultará muy superficial en tanto que no se haya dejado el asiento para sentirlo directamente. El presentimiento de la dimensión a la que hace alusión Lucano, será, sin duda, más accesible a aquel que haya errado durante horas por los caminos inciertos y se haya perdido en un bosque desconocido.
No todas las imágenes de los cuentos son fácilmente accesibles como la del bosque; con frecuencia se habla de reyes y de príncipes, y nos costaría trabajo saber de qué se trata si miramos sólo a nuestro alrededor, puesto que los reyes son escasos, y ya casi no corresponden a la realidad considerada en los cuentos. Quizá encontraremos una corona en algún museo, pero nos hará falta recorrer cierto camino, un esfuerzo interior, para que tal joya, con su oro y sus piedras preciosas, se convierta en la ima­gen de la radiación del pensamiento, de la inspiración cósmica que daba al rey su autoridad.
La posibilidad misma de una jerarquía real, de una autoridad a la vez personal y objetiva, se opone a las estructuras actuales del pensamiento y del sentimiento.  Nosotros estamos en la situación de los hijos del rey que, en los cuentos, se encuentran abandonados, perdidos al punto de ignorar sus orígenes y que deben pasar por muchas pruebas para recu­perar su identidad, su dignidad. Los cuentos mismos, con su tesoro de imágenes, son como un viático que nos es dado en el camino de nuestros extravíos. Gracias a ellos, y a través de ellos, nuestro caminar puede convertirse en una iniciación, en el verdadero sencido del término, un aprendizaje consciente y voluntario de la realidad espiritual. Abordar los "cuentos maravillosos", es aceptar volver a ponerse en camino de redescubrir el mundo con la mirada nueva y simple de niño, pues dicha mirada es capaz de percibir el mínimo detalle y aceptar que los cuentos le revelen su vida, su verdad.
Desde hace algunos años, los cuentos populares han resurgido con fuerza entre el público, en forma paralela a otros valores tradicionales. La psicología moderna, basándose en psicoanálisis, ha contribuido mucho a ello y podemos mencionar el éxito, bastante reciente, del libro de Bruno Bettelheim: "Psicoanálisis de los cuentos de hadas". El psicoanálisis pone en manos de todos, la interpretación práctica y eficaz de las imágenes, pero debemos tomar conciencia de que ello implica un grave empobreci­miento.
El psicoanálisis interpreta a su manera la existencia de un mundo de imágenes que viven en la profundidad del alma humana y que tienen, sin embargo, un valor suprapersonal. Estas imágenes pertenecen a una zona que escapa u lo conciencia y que es determinante para nuestro comportamiento. Para el psicoanálisis, el estudio de los sueños y de sus implicaciones es el camino más profundo para la comprensión de las imágenes y de su signi­ficado. ¿De dónde vienen estas imágenes?, ¿Tienen una existencia propia, una importancia más allá de nuestra individualidad humana?, ¿O son sólo un lenguaje cifrado a través del cual se manifiesta la vida profunda de nuestro organismo?. El psicoanálisis no responde a estas preguntas, pues no se ocupa más que de penetrar en la zona secreta donde juegan los resortes de nuestra existencia, para conocerlos y, si es posible, manejarlos.
"Yo pienso", decía Sigmund Freud, "que la visión mitológica del mundo, que se encuentra hasta en las religiones más modernas, es, en buena parte, una psicología proyectada sobre el mundo entero" (2) El hombre existe con su alma, y lo que él concibe del mundo no es» en los mitos y en los cuentos, más que una proyección de sus propios problemas y de su situa­ción interior. En el Evangelio de San Juan, la meta hacia la cual el Cristo conduce al hombre es la de encontrar y conocer al "Padre". En los cuentos populares, la imagen del padre es una de las más frecuentes, con matices muy diversos y aún desconcertantes.
¿No es un empobrecimiento, una pérdida grave, convertir el problema de la relación con el “padre" En problema de psicología, del que serian reflejo las relaciones humanas?.
Los cuentos permiten presentir detrás de las imágenes de tantos y tantos padres, la existencia objetiva de Aquel del que se habla también en el Evangelio.
Otro empobrecimiento ligado a la práctica sicoanalítica reside en la tenta­tiva misma de dar a las imágenes una interpretación precisa, destinada a resolver una situación dada. Cada uno de nosotros está confrontado con la realidad "exterior" y la manera en la que percibimos las cosas, de la que nos formamos nuestras representaciones y en la que asimilamos lo que viene hacia nosotros, lo cual es esencial para el desarrollo de nuestro destino.
Nuestra salud profunda y nuestro destino dependen de nuestro progreso y del desarrollo de nuestras capacidades autónomas en este dominio. Nadie tiene el derecho de intervenir autoritariamente en esta parte de nuestra alma, la más secreta y la más sagrada, en donde estamos a punto de nacer a la conciencia de las cosas. Las imágenes de un cuento nos invitan y nos ayudan a rebasar el nivel de la realidad material, cotidiana; abren nuestra alma a una nueva dimensión, pero nos dejan libres de progresar ahí a nuestro parecer.
Diremos aún dos palabras sobre la tendencia psicoanalítica a re-encontrar en todas las imágenes la expresión de problemas bajo el ángulo sexual. El mismo Bettelheim, a pesar de toda su reserva y su amplitud de espíritu, sigue el camino de otros autores para explicarnos que la historia de "La bella durmiente del bosque" es la ilustración del problema de la pubertad femenina: "A pesar de todos los esfuerzos, los padres no pueden impedir el despertar sexual de su hija... aún podría suceder que las tentativas de los padres mal inspirados alejen mucho el momento de la madurez, como lo indica en el cuento el sueño de cien años..." (3) La imagen de la subida a la torre significaría el aumento del deseo ( de acuerdo con los sueños), pero, ¿no es la torre, antes que nada, el lugar donde uno se encierra, donde el alma adolescente viene a ella misma?, Y, ¿la pequeña habitación de arriba no es aquélla donde se aprende a mantener "el hilo del pensamiento?” ¿Por qué aprender a hilar serla la imagen de una actividad sexual?, ¿No es acaso también fecundo pensar en el drama de la humanidad en general que, al momento de su adolescencia y en su voluntad de atrapar su libertad -de pensamiento, no logra sino perder la realidad viviente para fijar todo en esquemas muertos?. Nosotros no queremos con esto reemplazar una interpretación por otra, sino simplemente subrayar la estrechez de la perspectiva sexualista. A este propósito, Rudolf Steiner da una visión que aclara mucho: "Los humanos que viven en la tierra son los instrumentos de una evolución que tiene como meta el amor. El mundo animal ha desa­rrollado las formas elementales del amor bajo diferentes aspectos y la simple observación muestra que se trata en ese caso de grados prepara­torios del amor humano, de un amor que tiende a ser cada vez más y más espiritual... Todo amor, aún inferior, es un camino hacia un amor superior. La humanidad terrestre tiene como tarea el desarrollar en su seno el amor, para entregarlo a la tierra al final de su evolución" (4)
Esto es lo que vemos realizarse, en definitiva, a través de peripecias y pruebas, en la mayoría de los cuentos: "se casaron y fueron muy felices..." Y esta alegría en los cuentos tiene algo de definitivo, de eterno. No se sitúa en el plan de la psicología o de la biografía individual, sino que repre­senta la meta lejana de la evolución humana, donde la joven y su príncipe, la realidad del alma y la del espíritu, están verdaderamente unidas.
Las frases siguientes son muy impresionantes, pues provienen de un hombre que no tiene nada de espiritualista o de ocultista fueron escritas por Max Lüthi, profesor de literatura en la Universidad de Zurich, y él, además, no hace más que sacar las conclusiones de sus observaciones: "El cuento pone al alcance de nuestros espíritus limitados, un espectáculo que normal­mente no es perceptible más que para una conciencia supratemporal... el cuento es, me parece, el don que ciertos poetas-videntes hicieron al pueblo". Y él caracteriza así el mensaje global del cuento para quien lo escucha:
"Aun si no sabes de dónde vienes y a dónde vas, aun si ignoras qué potencias actúan en tí y cómo lo hacen, aun si las circunstancias que te rodean te son incomprensibles, puedes estar seguro de que el conjunto en que estás colocado tiene un sentido". (5)
Muchas de los jóvenes que actualmente se entregan a la droga, habrían reac­cionado de otra forma a las incitaciones de la vida sí hubieran sido alimen­tados con cuentos durante su infancia.
La manera de abordar el cuento está ligada, para el que no quiere conten­tarse con interpretaciones ya hechas, con un verdadero ascetismo.
Efectivamente, nos cuesta mucho trabajo imponer a nuestro intelecto una paciencia y una reserva a las que no está acostumbrado; esta paciencia debe estar aunada a una facultad de atención muy acrecentada, con un interés por los detalles, pues éstos nunca son gratuitos. Así, la edad del héroe o de la heroína siempre es importante; la bella durmiente del bosque tiene 14 años; la molinerita en el cuento de "El piojo" (6), tiene 18 años, la edad de los grandes sueños, de las impulsiones del futuro; tampoco es indife­rente que sea hija del molinero, de aquel que trabaja el fruto de la tierra y lo transforma en materia panificable, pues es una imagen de la función esencial del hombre. Y cuando se habla del piojo, destinado por el adver­sario como esposo de la molinerita, se pensará que para un joven apuesto es la metamorfosis más humillante, la más horrible, pero también es importante constatar que el piojo vive como parásito en la región de la cabeza.. . De una manera general, encontramos toda una serie de animales que esconden en ellos a príncipes encantados; oso, lobo, perro, cuervo, león, serpiente y aún un sapo; cada vez es una historia muy diferente. El alma humana está ligada, en su destino, con el alma animal y, a despe­cho de los experimentos que utilizan a los animales para sacar conclu­siones sobre las reacciones psíquicas del hombre, necesitamos aprender el respeto, la veneración casi religiosa de estos seres cuya entidad, el "yo espiritual", reside en otro mundo donde reina una sabiduría muy superior a la nuestra; ¿No es el cordero, en el Nuevo Testamento, la imagen del Cristo mismo?.
Llega a suceder que un hombre de letras, al transcribir un cuento, se permita hacer cambios, sin darse cuenta que altera así la verdad profunda de las imágenes. Henri Perrault, que ha recogido o trascrito una cantidad impresionante de narraciones populares, ha modificado, por ejemplo, un detalle importante del cuento "Los siete cuervos"(Grimm), la hermanita, que se ha ido a liberar a sus siete hermanos, se da cuenta, al llegar frente a la montaña de cristal donde ellos viven, que ha perdido el huesito que la estrella de la mañana le había entregado y que debía servirle de llave para abrir la puerta de la montaña. Ella introduce entonces su pequeño dedo meñique en la cerradura y así logra abrir. La imagen habla: el dedo meñique, el que está menos involucrado en las necesidades terrestres y que las damas mantienen en el aire cuando toman el té; el dedo que indica el colmo de la pereza ("no mover ni el meñique"); pero también es aquél que tiene posibilidades en otro dominio: "me lo dijo mí dedito". Sobre uno de los capiteles románicos más conocidos de la catedral de Autun, en Francia, se ve dormir a los reyes magos; el ángel viene a advertirles que no regresen a ver a Herodes, y su intervención está subrayada por el hecho de que toca con su índice el meñique de uno de los reyes. . . Así, el gesto contado por Henri Perrault está incompleto: en el cuento original, la her­manita toma un cuchillo y se corta el dedo antes de utilizarlo como llave. Detalle aparentemente cruel, pero significativo: la facultad de intuición, que abre el mundo "cristalizado" de donde vienen los hermanos cuervos, ya no es aquella de la que cada uno disponía de una manera natural, habitual; la intuición debe ser sacrificada para ser tomada en mano, manejada de una manera desinteresada, desapegada de uno mismo...
Es interesante subrayar con este propósito, que nuestra misma lengua está sostenida por la misma realidad espiritual, la misma esfera imaginativa que la de los cuentos. Muchas personas a las que les parecen crueles ciertas imágenes de los cuentos, como la del dedo cortado (Henri Perrault era, manifiestamente, una de esas personas), utilizan, sin embargo, expresiones como perder la cabeza, arrancarse los cabellos, ponerse a gatas, hacerse cortar en pedacitos, poner la mano en el fuego, etc.
Señalemos también, aunque sólo sea rápidamente, el enriquecimiento que uno puede encontrar en la parte imaginativa del lenguaje. Sin saberlo, nosotros nos movemos en un mundo de realidades mucho más “concretas” de lo que supone el diccionario.
En conclusión diremos que los “cuentos maravillosos” nos abren el acceso a esas mismas realidades que la Antroposofía aborda de una manera más directa, más científica. Aquel que quiera narrar cuentos a los niños, debe saber que les ofrece, no un pasatiempo agradable, sino un alimento esencial. Los niños no pueden y no deben escuchar las explicaciones, pero aquel que les cuenta una historia, necesita no forzosamente haber comprendido todo lo que se dice, pero estar en camino de la comprensión; solamente entonces su narración creará el ambiente, el espacio interior en el cual el cuento puede vivir.



Traducido de la revista francesa Triades, Nº 1 de 1980

Notas
1) Ver "en Díe Drei (Stuttgart),número de julio-agosto 1980,un interesante estudio sobre el bosque
(2) Citado por M. Loeffer-Delachaux en "El simbolismo del cuento".
(3) "Psicoanálisis de los cuentos de hadas" de B. Bettelheim.
(4) Rudolf Steiner: Conferencia dada el 2 de marzo de 1920 en Berlín.
Ver sobre el tema: "Tierra de Amor" Triades T. XVI No. 4 (verano 1969).
(5) "Das europäische Volksmärchen" (El cuento popular europeo). Francke-Verlag.
 (6) "Le Pou"; 'Cuencos de Vasconia". París.

Los cuentos, una perspectiva

HAMBRE DE CUENTOS DE HADAS
El alma del niño tiene una necesidad todopoderosa de dejar que por ella fluya la sustancia de los cuentos de hadas, semejante a la necesidad del cuerpo humano que requiere que la sustancia alimenticia circule por él.   (Rudolf Steiner)
El verdadero cuento de hadas habla pictóricamente de transformación, de encanto, de liberación, relatando en esta forma, una y otra vez, los secretos de la existencia. Los orígenes suprasensibles del hombre, sus pruebas, sus victorias y rescates, se describen en lenguaje infantil, a la vez que humano. El niño puede aceptar la imaginación cual predicción y preventiva. El llamado "horrísono" episodio de los chivitos danzando en derredor del pozo en donde se acababa de ahogar el lobo, que a un adulto intelectual pudiera parecerle repulsivo, no es sino, para el niño, la victoria del bien sobre el mal. Esta victoria le afirma la confianza de que maravillosamente, se halla dotado para dar primeros pasos por la senda de la vida.
El niño sano de tres a cuatro años, escuchará el relato de los "Ducados caídos del Cielo", con interés creciente noche tras noche. No hay prueba más convincente de que ahí el niño está experimentando una "imaginación", un cuadro anímico. Es solamente el intelecto el que dice que ya le basta con haberse enterado de un asunto una sola vez. Una obra de arte, una creación poética, una verdad religiosa, seguirá conmoviéndonos, y nos moverá con un poder siempre nuevo. Nos llena de un gozo puro; nos eleva y fortalece en nuestros mejores impulsos volitivos. Todo hombre necesita un campo de acción para su vida interna, para su alma que quiere y que siente, y finalmente, que también piensa. Y el niño, al igual que el adulto, requiere semejante espacio de acción para sus poderes anímicos. Si no se le ofrecen las imágenes y el lenguaje de los cuentos de hadas, será lo vulgar y lo ordinario, lo que llene su espacio anímico: modelos de autos y aviones, preocupaciones de dinero, cuestiones vacías y triviales tomarán las riendas, y el resultado será un campo lleno de hierbajos.
Conforme aumenta el vocabulario del niño, así también aumenta su capacidad de experiencia y de creación, vale decir, su caudal interno. Los cuentos de hadas que los niños escuchan una y otra vez, entran directamente en juego en su imaginación: serán príncipes, ranas y gigantes. Y realmente sucede que los escolares de primer año de enseñanza básica a quienes se les ha narrado cuentos de hadas, sobrepasan decisivamente a sus compañeros que no han tenido el privilegio de conocer ese mundo: tienen una gama de vivencias más diferenciada, pueden experimentar más, y son capaces de expresarse más plenamente, ya sea en palabras o con lapiceros, o "tan solo" por la impresionabilidad de su poder de reverencia. Son capaces de escuchar con atención, y desenvuelven más fácilmente una feliz iniciativa creadora.
(Helmut von Kügelgen)

martes, 17 de enero de 2012

¡Soy muy joven para morir!

Era una bonita mañana de primavera. Juan, el granjero, salió con su bolsa de semillas a sembrar en los surcos que había preparado el día anterior.
Trabajó y trabajó hasta que el sol se puso. ¡Qué contento estaba! Había sembrado todas sus semillas de trigo y se fue a dormir pensando en toda la harina y todo el pan que, cuando hayan crecido, se podrá hacer.
Al día siguiente, cuando soltó las gallinas para limpiar el gallinero, una de ellas encontró en el camino un grano de trigo que a Juan se le había caído. Presta se dirigió hacia él y cuando estaba a punto de comérselo, el grano de trigo, de rodillas le dijo: -por favor, no lo hagas, ¡Soy muy joven para morir!

moisés, el salvado de las aguas (obra completa)


Autor: Diana Tessari

Obra de teatro para realizase con una tercera y quinta clase
Total 30 niños/as

Personajes:
Madre de Moisés
Princesa Bithja
Moisés anciano
Aarón anciano
Moisés niño
Moisés adolescente
Moisés joven
Moisés adulto
Aarón adulto
Myriam niña
Myriam joven
Myriam adulta
Faraón 1
Faraón 2
Reina esposa del faraón
Mago Balaam
Ángel de Dios
Padre de Moisés
2 sirvientes egipcios
Guardia egipcio
6 pastoras
3 ovejitas
3 pastores
2 hijos de Moisés
Jetró
Voz de Dios (off)
3 narradores para el principio

Myriam y Moisés van creciendo a lo largo de la obra y son representados por diferentes niños que irán vestidos estrictamente iguales.
Todos forman parte del coro y van a su escena y vuelven a él. Todos participan de toda la obra.
La idea es crear un grupo a partir de febrero que se reúna una tarde a la semana para confeccionar el vestuario, la escenografía y el atrezo.


INTRODUCCIÓN
3 narradores vestidos sin caracterización
Están ubicados en una esquina del escenario, cerca del piano.
Leen el texto de papeles tipo bando
Mientras los narradores leen el texto la escena ocurre en teatro de sombras; dos maestros (que luego estarán en bambalinas colaborando) sostendrán la tela para realizar las sombras.

La voz de Dios dijo a Jacob: ve a Egipto sin temor, yo estaré con vosotros. Haré de ti y de tus hijos un gran pueblo.
Jacob y sus 11 hijos fueron a Egipto y aún cuando su viaje fue largo y penoso los acompañaba una buena estrella.
José y Jacob se establecieron en la fértil tierra de Gosen y allí nacieron y vivieron sus hijos, y los hijos de sus hijos y los hijos de los hijos de sus hijos y su descendencia se convirtió en un pequeño pueblo y ese pueblo se llamó Israel.
Pasaron los años y mientras José vivió, sus hermanos, los israelitas construyeron casa, trabajaron los campos,  criaron rebaños y tuvieron hijos y cada vez eran más.
José murió y fue sepultado a las orillas del río Nilo.
Los israelitas se convirtieron en un pueblo fuerte y eso a los egipcios les dio mucho miedo.
Y fue el miedo el que instó al faraón a hacer esclavos a los hebreos y más aún, mandó matar y echar a las aguas del Nilo a todo niño recién nacido en el pueblo de Israel.

Los maestros desarman el telón de las sombras y queda al descubierto el coro, algunos niños de pie sobre bancos y otros en el suelo; todos los niños están en escena caracterizados de sus personajes.
Los narradores entran en bambalinas y en esa esquina se ubican Moisés y Aarón ancianos.
Durante este momento suena el piano dando la introducción a un estribillo que cantará en coro.

ESCENA 1
Olitas del Nilo son movidas por dos niños. Hay juncos a los lados

Coro: (cantado)
¡Qué tristeza, qué dolor,
Ha nacido otro varón!

Se adelantan las niñas del coro tres pasos:
A las frías aguas del Nilo
Lo debemos arrojar
Más la luz que de él emana
No queremos apagar


Coro: (cantado)
¡Qué tristeza, qué dolor,
Ha nacido otro varón!

Madre: (Con una cesta entre manos)
Una cesta construiré
Con brea y pez la pintaré
Y entre los juncos del Nilo
Protegida bien del río
A mi niño dejaré.

Coro: (cantado)
¡Qué tristeza, qué dolor,
Ha nacido otro varón!

Madre: (le da la cesta a Myriam)
Ve mi niña, Myriam mía
A esconderte entre los juncos,
Cuida a tu pequeño hermano
Y que llegue a buenas manos
(Myriam se esconde entre los juncos)

Coro:
Y allí fue Myriam gustosa
A cuidar de su hermanito
En la cesta preparada,
Entre juncos bien guardada.
¡Grande ha sido su sorpresa
Cuando vio aparecer
A la joven princesita, Bithja,
Del faraón era hija
Y la cesta fue a coger

Bithja (coge la cesta y destapa al niño)
¡Este es un niño hebreo que debía ser matado!
¡Pobrecillo!, tan cuidado ¿Qué podré hacer con él?

Se acerca Myriam: (que observaba la escena desde su escondite)
Buen día su majestad, tal vez la pueda ayudar y es posible que por estas tierras, nodriza podamos hallar.


Coro: (mientras el coro habla Myriam busca a su madre entre el coro con Moisés en los brazos para dárselo, su madre lo abraza. Todos cantan una nana hebrea)

Alegre y entusiasmada
A su madre fue a buscar
Y su hermanito querido,
Lleno de luz y claridad,
Podría quedarse en casa,
Su madre lo va a amamantar.

(Mientras el coro sigue hablando sale de él el Moisés niño jugando con una pelota pequeña, su madre y su hermana están cerca de él)

Moisés creció con su madre,
Varios años pudo estar
Pero ya algo mayor
Su madre lo vio marchar
Se fue al palacio de Bithja,
Del faraón era hija,
Ella lo iba a cuidar.

(Bithja coge al niño de la mano y se va andando hacia la bambalina más lejana)

Le dio por nombre Moisés,
El salvado de las aguas
Myriam, su hermana y su madre
Lo visitaban de buena gana.


ESCENA 2

Seguidor a Moisés y Aarón ancianos
El resto se apaga
Mientras Aarón habla se va montando la escena en el centro del escenario

Aarón: (pausadamente)
Habían pasado tres años desde tu nacimiento, el faraón estaba sentado a la mesa. A su derecha la reina, a su izquierda estaba Bithja contigo sentado en su regazo. Había varios invitados, unos mandatarios y un mago.

Mientras Aarón habla pausadamente se va armando la escena: una mesa, sillas mantel y banquete que estará pegado a una base y llegará todo junto. Están todos sentados a la mesa, dos sirvientes abanican,  el piano acompaña, el niño Moisés saca al faraón la corona de su cabeza y la pone en la suya. Inmediatamente Bithja devuelve la corona al faraón.

Faraón:
¿Qué le debe suceder
Al pequeño niño hebreo?
Que mi corona quitó
Y en su cabeza posó.

Mago:
No creas mi faraón
Que esto ha sido mero juego
Este pequeño Moisés
Sabe que quiere ser rey.
Y esta es la solución
Que ofrezco a esta situación:
Regad con su sangre la tierra
Y evitad una querella.

Ángel de Dios:
Escúchame faraón
El niño es aún pequeño
Te lo pido por favor
Comprueba primero su acción

Coro:
¡Qué le traigan dos platillos!
Dijo el ángel con firmeza,
En uno carbón en brazas,
En otro oro y riquezas.
Moisés habrá de escoger.
Si oro, piedras y riqueza,
Significará su cabeza.
Pero si carbón escoge,
Como inocente lo acoges.

Faraón:
¡Dos platillos por favor!
Que uno contenga carbón,
Veremos qué hace el niño,
De mi hija, su corazón.



Coro:
Moisés extendió su mano,
En dirección a las piedras,
Pero el ángel del Señor
Con la fuerza de su mano
La dirección desvió.
Moisés cogió el carbón
Y se quemó la manita
Más esta fue la razón
De salvar su cabecita.

El mago se pone de pie y se dirige hacia el público con gesto de complicidad

Mago:
¡No sé cómo lo ha logrado!
Piedras, oro y riqueza
Juraría que ha buscado
Más con carbón abrazado
Sus manos se han quemado.
Prestaré más atención
No sea que en el futuro
Yo vaya a tener razón.

Mientras el mago habla al público se desarma la escena, sólo quedan la mesa y las sillas y se cambia el mantel y la comida.

ESCENA 3:

Aarón anciano:
¿Recuerdas Moisés aquella noche, en que nos viniste a ver?
Myriam te contó el secreto, ¡qué difícil de creer!

Escena mesa pobre, a la mesa madre y padre de Moisés, Aarón y Myriam y Moisés.

Myriam:
Te hemos guardado un secreto,
Dentro de nuestro corazón.
Moisés, y tú sin saberlo, y sin encontrar razón.
Eres mi verdadero hermano,
También hermano de Aarón,
Nuestra madre te ha cuidado
Y guardado protección-
Bithja te ha salvado
De la muerte y del horror.
Cogió la cesta del Nilo,
Yo miraba con temor.
Ella buscó a nuestra madre,
Sin saber, sin intención
Y te dejó a su cuidado
Hasta que fueras mayor.

Moisés: (de pie cara al público)
¡Acabo de comprender!
Hablaba mi corazón,
Siempre vine hacia vosotros
Vine con gusto y amor,
Me encontraba confortable
En este cálido rincón
Y en el hablar de mi sangre
Se escuchaba una canción:
¡Soy un israelita,
Cumpliré con mi misión!

Moisés y Aarón ancianos
Aarón:
Caminabas tú Moisés
Por el valle yendo a casa
Cuando una imagen muy fuerte
Ante tus ojos estaba.

La escena ocurre entre Moisés y el faraón

Coro:
Moisés vio como su pueblo
Era tan, tan maltratado
Que ni un día de descanso,
Pasaba siempre trabajando.
Juntó todo su valor y fue a hablar al faraón.

Moisés:
Altísimo señor, te digo
Siempre eres bueno conmigo,
Debo pedir tu favor:
¿Podría ser que mi pueblo,
Gracias a tu merced,
Descanse un día en semana
Para al trabajo volver
Con las fuerzas renovadas?


Coro:
El faraón benévolo
Contestó esto a Moisés

Faraón:
Cumpliré con tu pedido,
Es por tu buen corazón

Coro:
Balaam, el mago, molesto,
Con gran rabia se quedó,
Se había creado el sabat,
¡No era su decisión!

Moisés y Aarón ancianos
Moisés:
Caminaba a vuestra casa
Con muchísima ilusión
Mientras iba caminando
Observaba con horror
¡Nuestro pueblo trabajaba,
Desnudo a los rayos del sol!
El guardia, látigo en mano miraba
Y según su parecer
Con éste él les pegaba.

Escena entre Moisés y el guardia
Moisés:
Este hombre está ensangrentado
Déjalo ya, ten compasión,
Más si le sigues pegando,
A ti te pegaré yo.

El guardia hace el gesto de volver a pegar.

Coro:
Moisés le quitó el látigo,
La ira lo poseyó,
Y con la parte más dura,
Con fiereza le pegó.
El guardia yace en el suelo,
No hace gesto de dolor,
En realidad cayó muerto,
Tuvo un entierro veloz.

Balaam, el mago:
¡Recuerdas mi faraón,
Cuando el niño era pequeño,
Con tu corona jugaba
Y no hiciste caso a eso!
Ahora muerte nos da,
¿Qué otra cosa
Más hará?

Coro:
El faraón se asustó
Y a Moisés mandó matar
Bithja que el plan conocía
A moisés pudo salvar-

Bithja va hacia el cuarto de Moisés con una lámpara.
Bithja y Moisés se encuentran.
Bithja:
Vete, abandona el palacio
Y también esta ciudad,
Que yo tengo la esperanza,
El faraón calmará-
A Myriam le avisaré,
¡Huye ya de esta ciudad!

Coro:
Moisés partió por la noche,
Él se fue de la ciudad
Y el faraón enfadado,
A su pueblo atacará-
Más trabajo, menos paga
Y ni un día a descansar.

Moisés y Aarón ancianos
Mientras ocurre el relato la escena se va armando cara al público.
Moisés:
Errante viajé por largos caminos hasta llegar a la tierra de Madián. Un ángel del señor me dijo que allí debía quedar.
Por la noche llegué a un pozo, me dispuse a descansar, justo cuando algunas jóvenes se acercaban al lugar, con sus ovejas balando para su sed apagar; cuando unos pastores llegaron y del pozo las echaron.

Moisés:
¿Qué hacéis jóvenes amigos,
Por la fuerza no está bien
Que a las doncellas tratéis.
Cada quién a su camino,
Y no desafiar al destino.

Coro:
Los pastores no pudieron
Desafiar al extranjero
Fuerte y grande era su cuerpo,
Mejor escapar corriendo.

(Música mientras ocurre la escena)
Los pastores se van mientras Moisés ayuda a las jóvenes a dar de beber a sus ovejas en un lado del escenario.
Mientras tanto al otro lado se va montando la casa de Jetró, el padre de las jóvenes.
Las jóvenes se dan la vuelta y se van a su casa.

Jóvenes en coro:
¡Padre, padre!
¿Sabes qué nos ha pasado?
Un hombre vestido de egipcio
De nosotras se ha apiadado
Y a los malvados pastores,
De patitas ha sacado.

Jetró:
¡De inmediato id a buscarlo,
En nuestra casa hay lugar
Para un huésped distinguido
Que a mis hijas supo cuidar.

Coro:
A Moisés le gustó estar
En la casa de Jetró.
Pudo cuidar los rebaños,
Supo abrevar los ganados
Y del sabio sacerdote,
Muchas cosas aprendió.
Tomó por esposa a Séfora
Y ella dos hijos le dio.

Coro:
Un día estaba Moisés
Haciendo pastar su rebaño,
Un cabrito se perdió,
Debía de ir a buscarlo.
Se fue hacia la montaña,
Llamada montaña de Dios.
Fuego vio muy hacia arriba,
Preguntó ¿Quién lo encendió?
Más cuando estaba muy cerca,
La luz se hizo mayor
Y entre medio de las llamas
Una gran voz resonó

(Niño en off y niñas vestidas de rojo hacen los movimientos de un árbol en llamas)

Voz en off:
¡Moisés, Moisés!

Moisés:
Aquí estoy

Voz en off:
No te acerques a este suelo,
Que tierra sagrada es,
Quítate las sandalias,
Queden desnudos tus pies.

Moisés se saca las sandalias

Voz en off:
Para libertar a tu pueblo,
Es que has sido elegido-
Regresa pronto hasta Egipto,
Allí verás al Faraón,
Yo siempre estaré contigo,
Por nada sientas temor.


Moisés:
Pero ¿Cómo, mi señor?
¿y si el faraón y el pueblo
No creyeran en mi voz?

Voz en off:                                      
Yo te entregaré la fuerza,
Para mostrar las señales,
Milagros tu mano hará
Pues tu dios te cuidará.
Exígele al faraón
Que a Israel deje libre,
Porque Yo soy el yo soy,
Dios de tus padres,
Dios de Israel
Y Jehová para todos
Mi nombre es.

Moisés (con tono vacilante):
Oh, Señor Dios, ten piedad,
Mi palabra no es muy buena,
Mi lengua no sabe hablar
Y muchas veces pesada
En mi boca se pondrá.

Voz:
Lleva contigo a tu hermano
Que está viajando hacia ti.
Su palabra es poderosa,
Siempre sabrá qué decir.
Yo pondré a ti y a él
Las palabras en la boca
Y hoy bendeciré tu vara
Que milagros obrará.
No temas, Moisés, no temas
Nuestro pueblo vencerá.

Desaparece el fuego, las niñas bajan los brazos y simplemente se van andando hacia bambalinas.

Moisés queda arrodillado en el lugar.
Música.


Moisés se pone de pie, coge la vara y cara al público dice:
Siento el fuego y su calor
Brillando en mi corazón.
Es el fuego del coraje
Que vive dentro de mí
Y por Dios y por mi pueblo
Yo llegaré hasta el fin.

Mientras la escena se va montando a pie de letra del relato
Coro:
Séfora y Moisés partieron,
Sus hijos iban también.
Aarón estaba en camino,
Iba a encontrarse con él.
El camino lo guiaba
Un gran ángel del señor,
Y fue Aarón quien le avisara:
Murió el viejo faraón.
El otro es aún más duro
Y el pueblo hoy sufre más.
La batalla será dura
Pero al final vencerás.

Moisés y Aarón ancianos (mientras ocurre el relato se monta la escena siguiente: faraón en el centro del escenario sentado en su trono, 2 guardias lo abanican. El coro se distribuye a un lado y otro del faraón)
Aarón:
¿Recuerdas hermano mío, cuando logramos reunir a los ancianos del pueblo. A todo israelita fuera de Egipto íbamos a conducir. Todos ellos se alegraron y también otros que escucharon.

Aarón y Moisés jóvenes caminan paralelo a la boca del escenario hasta el centro y van hacia el trono del faraón.
Dos niños mueven las olitas rígidas de las aguas del Nilo. Detrás de las olitas hay una larga tela roja.

Faraón:
¿Qué deseáis y
Quiénes sois?
¿Qué os trae por aquí
Sin tener concedida reunión?

Moisés:
De Dios somos mensajeros,
Del gran Dios de Israel
¡Deja marchar a mi pueblo
Para que pueda brindarle
Ofrendas en el desierto!

Faraón:
Yo no conozco a tu Dios
Más veo que hebreos sois.
¿Por qué no acarreáis las piedras
O hacéis ladrillos hornear?
Si los dejara tres días…
Lo tengo que consultar
Y mis sabios competentes
El permiso habrán de dar.

Mientras Aarón y Moisés se retiran el faraón llama al mago Balaam

Coro:
Le contó lo sucedido
El faraón a Balaam

Balaam:
Serán estos hombres fuertes,
Pero mi magia lo es más
No se preocupe mi alteza
Ellos ya volverán.

Coro:
La respuesta llegó al fin
Pero no era lo esperado.
Más trabajo, más penurias,
Fue todo lo que han logrado.
Entonces Moisés y Aarón
Decidieron presentarse
Y plantar cara al faraón.

Aarón:
Estamos aquí presentes,
Conoces nuestra misión.
Esperamos la respuesta
De la voz del faraón.

Faraón:
No sois vosotros confiables
Mi gran mago me lo ha dicho
Debéis mostrar un milagro
Y salvar el entredicho.

Aarón tira la vara al suelo y esta se transforma en serpiente.
Balaam se ríe.
La serpiente se enrolla en el cuello del faraón.

Balaam:
Veo lo grande que es su poder.

Faraón:
Sé que no será fácil vencer.

La serpiente se desenrolla del cuello del faraón y queda en el suelo. Moisés coge la vara y Aarón y Moisés salen.

Coro:
Por la noche fue el Señor
Quien le contó a Moisés
Que a la mañana siguiente
Al Nilo irían los tres.

dos niños mueven las olitas del Nilo.

Aarón y Moisés llegan al Nilo. El faraón ya está allí

Moisés:
El Seños, Dios de Israel
A ti me envía.
Deja a mi pueblo salir,
Déjalo ir a ofrendar.
Si así no sucediera
Las aguas del Nilo he de manchar.
Morirán todos los peces
Y nadie la beberá.

El faraón indiferente andaba de un lado al otro.
Moisés entrega la vara a Aarón, éste golpea el suelo con ella cerca de las olitas.
Gala y Andrea B. voltean las olitas y cogen la tela roja a modo de rio de sangre.


Coro:
Y siete días después
El señor habló a Moisés
Vuelve donde el faraón
Otra vez pide su favor
Si a tu pueblo obliga a quedar
Su pueblo de ranas voy a llenar

Salen ranas –títeres de varilla- por todo el escenario

Coro:
Las ranas por doquier
Invadieron casa y campos
El faraón suplicó
Y decidió liberarlos.

Faraón:
¡Quitad la plaga de ranas
De mi querido país,
Llevaros vuestras ofrendas
E iros pronto de aquí!

Las ranas desaparecen.

Coro:
Todas las ranas murieron,
Contenta estaba Israel
Más el gozo fue muy corto,
El engaño estaba en él.

Tras haber sido engañado
El Señor dijo a Moisés:
Golpea y golpea tu vara,
Ya acabaremos con él.

Aarón y Moisés a un lado del escenario golpean la vara con cierto ritmo.

Moisés golpeó con la vara
Plaga tras plaga trajo él:
Mosquitos, tábanos, muertes,
Langostas, granizo y después
La noche llegó en pleno día
¿Qué más podrían hacer?

Títeres de insectos y telas oscuras cruzan el escenario

El faraón ofuscado
A Moisés amenazó
Con matarlo si volvía
A verlo por la región.

Moisés y Aarón ancianos
Moisés:
Entonces habló el Señor, con su voz clara y profunda. La última plaga envió, Egipto murió de dolor. A cada familia egipcia, en el día diez del mes, un hijo se moriría, sería el primero en nacer. Tanto humano o animal, todos van a perecer.
A los hijos de Israel, también les dio su tarea: un cordero carnearéis y de él todos comeréis. Pintad con sangre la puerta, el ángel la verá y después, pasará sin dejar huella, todos sobreviviréis.

Coro:
Así ocurrió, a media noche,
Los primeros se murieron.
Llantos y gritos brotaron
De los que sobrevivieron.
Y en ninguna casa egipcia
Quedó un muerto sin llorar.
Por casa de los hebreos
El ángel dejó suavidad.

Aarón y Moisés jóvenes a un lado del escenario, llegan dos soldados del faraón-

Soldados:
¡Marchaos con vuestro pueblo!
¡Salid fuera del país!
¡Dejad Egipto para siempre
No queremos veros aquí!

Coro:
El pueblo se preparó:
Los camellos con comida,
Los rebaños alistados,
Esperaban la partida.

Música:
Shalom…
Comienza el piano mientras se prepara el éxodo
Moisés y Aarón jóvenes encabezan el éxodo. Cuando están listos comienzan a cantar Shalom… bajan del escenario por el lateral derecho dan la vuelta por el pasillo central para volver al escenario. Al pie de la escalera los espera en ángel con la estrella para guiarlos.

Moisés y Aarón ancianos (Mientras el público está atento a ellos discretamente Álvaro y Laurent salen en dirección a los hebreos)
Moisés:
No iba a quedar así, Egipto sin sus esclavos, el trabajo por hacer se les iba de las manos.
El mago aconsejó: envía a un gran ejército, que los obligue a volver, dejar el trabajo hecho. ¡Y el ejército partió a perseguir a nuestro pueblo!

En la mitad del pasillo central dos emisarios egipcios interceptan a los hebreos, van por delante de la escena y se encuentran con Moisés y Aarón. Mientras esto ocurre se aprovecha que la atención del público está puesta en el pasillo y en el escenario Daniel y Eudes montan lo necesario para el mar rojo. Los hebreos que siguen cantando todo el tiempo, bajando el volumen en los momentos que se habla interrumpen su canto así como el piano.

Emisarios egipcios a caballo:
En nombre del faraón
Exigimos el regreso
El trabajo os espera
Para dejarlo bien hecho.
¡No oséis desobedecer
La muerte será segura
Si os negáis a volver!

Moisés y Aarón:
Decidle al faraón
Que no vamos a volver
Nuestro Dios nos ha encargado
Que al pueblo de Israel
Devolvamos a su tierra
¡Y es lo que vamos a hacer!
Cuando vengan lucharemos,
No va nuestro brazo a torcer.

Los mensajeros giraron sobre sus caballos volver

Moisés y Aarón ancianos de pie en el escenario
Moisés y Aarón:
Y recibimos de Dios
Nuevas indicaciones
Dirigir la vara al mar
Y recibir la señal
Los vientos ya resoplaron
Velozmente y sin parar
Las aguas del mar se abrieron
Y nos dejaron pasar.

Mientras Moisés y Aarón hablan el pueblo de Israel se va acercando al escenario a encontrarse con la estrella, el Mar Rojo se prepara y ni bien termina el texto retoma el piano con Shalom…. Los niños cantan y entran en el mar. El pueblo de Israel pasa por entre las olas y salen hacia bambalinas, mitad hacia cada lado.
Los egipcios hacen el mismo recorrido que ellos por los pasillos y entran en el mar y el mar los tapa y ahoga.

El pueblo hebreo sale de cada lado de bambalinas diciendo repetidamente a modo de mantra un texto, Myriam (Sara) encabeza alguna de las filas la siguen los chicos a partes iguales de un lado y del otro. Suben al escenario y se organizan en la boca del mismo. Esto permite a Daniel y a Eudes retirar el Mar Rojo y a los egipcios.

Hebreos mantra:
Reconocemos hoy
Es la voluntad de Dios
Alabanzas elevemos
Bellos cánticos cantemos.

Cuando están todos organizados comienza la introducción el piano y cantan el himno:
Comenzad a cantar, los tambores tocad,
Hundido está el ejército del faraón.
Comenzad a cantar, los tambores tocad,
Ahogado en el Rojo Mar
Está hombre y corcel,
El orgulloso tropel
En las aguas profundas,
En el lecho del mar.
Ante nuestro pie, el agua mermó
Y un ancho camino se abrió.
La nube nuestro paso cubrió
Como la vara de Moisés lo ordenó.
Oh pilar de fuego de Dios,
Tú guías con claro brillar.
¡Acompaña nuestros pasos
A la lejana tierra natal!
Comenzad a cantar, los tambores tocad,
Hundido está el ejército del faraón,
Ahogado en el Rojo Mar.
Por tanto agradeced y alabad al señor
Con cantos y tambor.

Moisés y Aarón ancianos (mientras esto ocurre se ubica una escalerita tapada por una tela marrón, el monte de Sinaí.
Moisés:
Viajamos casi tres meses hasta que logramos llegar hasta el centro del desierto, a Sinaí, el monte a estar.
Aarón:
A Moisés Dios indicó que subiera a la montaña, que allí él recibiría para el pueblo la ley en sus tablas.

Moisés joven está en el monte de Sinaí (arriba de la escalera)
Alrededor está su pueblo cantando y bailando Kolodi

Moisés y Aarón ancianos
Aarón:
Cuarenta días y cuarenta noches permaneció moisés en el monte de Sinaí.
Dios, el Seños habló con él:

Voz en off:
Para que tu pueblo sepa
Cómo cada uno debe andar
El camino en esta tierra,
Te entrego estos diez mandamientos

Aarón:
Moisés grabó en las piedras
Con escritura de fuego
Y así los llevó a la tierra.
Con él el camino recto
Y el limpio corazón
Que el pueblo de Israel,
Los siga con devoción.

Con Moisés en el centro sobre el monte de Sinaí (con las tablas de la ley en sus manos), el grupo se organiza cara al público y salen en grupos preestablecidos, de modo que parezca aleatorio y formulan los diez mandamientos.
Moisés anciano: (Que está de pie al lado del grupo junto a Aarón anciano)
Estos son los mandamientos
Que nos dejó nuestro Dios

Salen los subgrupos:
1-      No tendrás otros Dioses aparte de mí
2-      No harás ídolos ni los adorarás
3-      No utilizarás en vano el nombre de dios, ni blasfemarás
4-      Santificarás el día del Sabat
5-      Honrará a tu padre y a tu madre
6-      No matarás
7-      No adulterarás
8-      No robarás
9-      No mentirás acerca de tu prójimo
10- No codiciarás los bienes de tu prójimo

Moisés anciano a Aarón anciano que se acercó a él:
Ve Aarón, ve con el pueblo,
Con ellos debes seguir
A la Tierra prometida
Debes guiarlos al fin

Yo estoy viejo,
Aquí me quedo
He cumplido mi misión.
Sigue con tu destino,
Yo encontraré el perdón.

Aarón anciano se pone frente al grupo, todos los siguen, introducción del piano, Shalom…. Cantan y salen.

Vuelven por el pasillo central a saludar.